La Ciudad de Vascos PDF Imprimir E-mail

Partiendo desde La Estrella por la carretera que va a Puente del Arzobispo  y vamos contemplando el paisaje con el valle del Andilucha a la izquierda y las laderas de la Sierra de La Estrella a la derecha. Al llegar al cruce de Navalmoralejo tomamos el camino que parte justo enfrente de la carretera que conduce a este simpático pueblecito a través de un paisaje de encinar adehesado con la sierra de La Estrella al fondo. Subimos después la cuesta que nos lleva otra vez en dirección este hacia la finca de Las Cucañas, donde se encuentra la ciudad de Vascos, una hermosa población hispanomusulmana amurallada de una extensión de ocho hectáreas.

Trescientos metros antes de llegar a la muralla podemos observar enterramientos a ambos lados del camino. Se trata de una de las necrópolis de la ciudad compuesta por inhumaciones de cadáveres colocados de costado, orientados de este a oeste y con cuatro cipos o piedras alargadas que delimitan las cuatro esquinas de cada sepultura. Parece que antropológicamente, los individuos allí enterrados son de la etnia bereber, que sabemos también por su carácter aguerrido a esta línea del Tajo para defender la frontera contra los cristianos.

Pasamos al interior de la zona amurallada y descendemos por el lado oeste del recinto. Llegamos a la zona “A”, situada en una pequeña vaguada bajo la alcazaba. Es una de las zonas ya excavadas donde observamos las dependencias de las viviendas, habitaciones pequeñas en torno a un patio y algunos detalles como molinos de mano fragmentados, silos de almacenamiento excavados en la roca, las jambas de las puertas, el lugar chamuscado donde se situaba el hogar y alguna pila excavada en la piedra. Junto a la puerta de la muralla se observan las dependencias del cuerpo de guardia con acceso directo al muro. Es curioso ver en la cara exterior de la puerta un arco de herradura grabado en bajorrelieve para darle aspecto musulmán, y ya que hemos salido pro esa puerta, precisamente unos metros arroyo arriba se encuentran los restos de los baños árabes e la ciudad. Con su vestuario, sus salas de baño caliente y frío y la leñera para calentar el agua.

Volvemos nuevamente al interior del recinto amurallado y subimos hacia la alcazaba, la parte más fuerte de las ciudades medievales. Antes de entrar observamos una dependencia de planta rectangular con columnas que es la mezquita principal de la ciudad. La entrada a la alcazaba, donde además residía el jefe militar de la plaza, conserva todavía el arranque del arco de herradura, restos de murallas y torreones y un aljibe para almacenar agua. Si nos asomamos al sur contemplamos una vista esplendida con la confluencia del arroyo de la Mora en el río Uso y el embalse de Azután al fondo.

Bajamos de la alcazaba y vamos observando la zona “E”, donde se encuentran viviendas de rango superior y edificios públicos. En esta zona se han hallado también restos de poblamiento romano anteriores a la ocupación árabe de la ciudad.

Ascendemos hacia la zona “B” donde veremos lo abigarrado de las callejuelas, su empedrado, los sistemas de desagüe de las viviendas, los hogares, etc. En la muralla de esta parte se puede ver un portillo de los seis que se conservan actualmente.

Aquí nos asomamos a la muralla y vemos un entorno paisajístico de gran belleza, con el bosque mediterráneo rodeando la ciudad. En su interior crecen los almendros, y que está flanqueada al este por el impresionante cañón granítico del río Uso.

Muchas teorías se han aventurado sobre la significación del nombre “Vascos” pero ninguna está fundamentada. La despoblación de la ciudad en el siglo XI también es un enigma, aunque se puede aventurar algo más sobre la finalidad estratégica que tuvo esta población defendiendo, junto con otras fortalezas, la línea defensiva del Tajo del avance de los cristianos. Sí sabemos que la propia ciudad o al menos su ámbito de influencia se conoció como Nafza en el mundo musulmán. También conocemos que en el siglo XVII aparece en documentos como la ciudad de “Vasquez”, por lo que puede que este nombre de “Vascos” simplemente haga alusión al apellido de un antiguo dueño. La tradición local vincula a Vascos con cierta actividad metalúrgica pues, a parte de ciertos restos de escorias hallados, se encuentra comunicada por un viejo camino con las minas de oro y hierro de Sierra Jaeña.