La Fortaleza de Castros PDF Imprimir E-mail

Desde Puente del Arzobispo nos acercaremos en un agradable paseo ribereño hasta la fortaleza musulmana de Castro que, aunque se encuentra en término de Villar del Pedroso, es más accesible desde aquí. Los lugareños conocen el paraje como “La Muralla” y para ir hasta allí tomaremos un camino que sale inmediatamente a la izquierda del puente, discurriendo por la ribera del río. Desde esta orilla tenemos una pintoresca vista de la villa con el puente, los molinos y el caserío. Después de andar unos dos kilómetros, tropezamos con la desembocadura del río Pedroso, que se despeña en cascada sobre el Tajo en un hermoso paraje. Una curiosa leyenda dice que una mora que vivía en el castillo que vamos a visitar; despechada pro mal de amores, se arrojó desde estas alturas al río y todavía se la puede ver saltando y se escuchan sus lamentos en las noches de luna del día de San Juan.

Justo en el codo que hace el río Pedroso antes de su desembocadura, se observan sobre el cauce los restos de un batán, con cuyos beneficios dejó también estipulado el arzobispo Tenorio que se financiaran los hospitales de Puente. Siguiendo el cauce del riachuelo nos encontramos con el bonito conjunto que forman un puente y un molinillo de ribera. En la elevación situada entre los dos ríos se sitúa la fortaleza que formaba, junto a las de Vascos, Espejel, Alija, Azután, Canturias o Talavera, una fuerte línea defensiva destinada a impedir que los cristianos atravesaran la frontera natural del Tajo en su avance hacia el sur. En esta caso nos encontramos ante una alcazaba con un poblado alrededor, sin contarse aquí con el amurallamiento que rodea al caserío de la Ciudad de Vascos pero que, como se deduce por sus características constructivas, también se levantó entre los siglos IX y XI por las aguerridas gentes bereberes con las que los árabes repoblaron estas orillas.

La vista desde sus murallas es impresionante y vemos el río Tajo que discurre por terreno quebrado con su cauce cortado por las azudas o presas que llevaban agua a los molinos, como las aceñas del Conde de Oropesa, un gran edificio que se contempla algo más debajo de esta fortaleza de Castros. Parece que este castillo tenía también como misión la defensa de un puente que se encuentra a sus pies y del que se mantienen todavía los tajamares.

Desde la fortaleza de Castros podemos volver a La Estrella desde Puente del Arzobispo por la carretera que hemos traído y entrar de paso en Navalmoralejo para visitar el aula de interpretación de la ciudad de Vascos, que nos dará una idea general sobre el yacimiento. Este pueblecito cuenta además con una bonita arquitectura popular y su modesto pero pintoresco templo. Podemos observar en él, formando parte del muro de la espadaña, un ara romana, en la que se perciben los gastados rostros esculpidos de dos personajes. Además, podemos visitar con un breve paseo desde el pueblo un paraje muy ameno con el viejo puente sobre el Andilucha y cerca de allí, río abajo, los restos de una atalaya musulmana.

Quien vaya en todoterreno, en bicicleta o andando, también puede volver a La Estrella por un viejo camino que va desde Puente a Navalmoralejo y luego discurre por el cordel desviándose hacia la izquierda hasta cruzar el Andilucha para llegar después a La Estrella.